Mes: febrero 2019

Comentario de texto: “Cerrar podrá mis ojos…”, de Francisco de Quevedo.

Comentamos en esta ocasión un conocido soneto de Quevedo:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día;
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera; 

mas no de esotra parte en la ribera 5
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa:

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,  10
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.

(Quevedo, Francisco de: Obra poética, tomo I, ed. de José Manuel Blecua Teijeiro. Madrid, Castalia, 1969-1971, pág. 657.) 

El autor (retrato atribuído a Juan van der Hamen, http://www.esacademic.com)

Francisco de Quevedo y Villegas (Madrid, 1580 – Villanueva de los Infantes, 1645) llevó una vida bastante atribulada. Estudiante de notable cultura, como consejero del Duque de Osuna o secretario de Felipe IV se esforzó en mantener la hegemonía española en Italia. Su fracaso en política fue notorio y sufrió varias temporadas de prisión o destierro. 

En cuanto a su labor literaria, Quevedo es, para muchos, el más alto virtuoso del lenguaje que ha dado la literatura en español. Fue capaz de manejar las palabras, los conceptos y la sintaxis con una maestría insuperable. Sin embargo, en ningún caso se trata de palabrería banal, sino que mediante sus alambicados malabarismos lingüísticos es capaz de revelar hondas preocupaciones filosóficas, un acerado afán satírico o su visión amargamente barroca de la vida.

Más que una simple corriente o estilo reconocible, el Barroco es toda una estructura cultural afianzada en el contexto histórico-social de finales del siglo XVI y el XVII. La crisis política, económica y social de la época (desmoronamiento del imperio español, que Quevedo quiso y no pudo detener, derrotas militares, corrupción política, despoblamiento, miseria…) crea un ambiente psicológico de desconfianza y de angustia que acaba reflejándose en las manifestaciones artísticas. 

Así pues, el Barroco desbarata el idealismo renacentista, su confianza en el ser humano, su entusiasmo por la belleza del mundo, de la naturaleza y de todo aquello que el ingenio podía crear. 

En literatura, y como veremos al analizar este soneto, la crisis del idealismo renacentista se manifiesta en una estética que se separa de las normas clásicas (no del todo, puesto que el soneto que nos ocupa es canónico) o en la búsqueda de formas inestables, contradictorias y perturbadoras a la par de conmovedoras. 

Hay que tener en cuenta que, si bien renovadora, la estética barroca no rompe tajantemente con lo anterior. Quevedo se inserta en el fluir de la tradición literaria tomando tópicos o ideas cultivados ya en latín y posteriormente en la Edad Media y el Renacimiento. Esto se puede apreciar tanto en su obra política, filosófica y moral como en la lírica amorosa, religiosa o satírica. 

En lo tocante a la poesía amorosa, se pueden ver en nuestro soneto algunos elementos del amor cortés medieval y del petrarquismo (el amor idealizado y no correspondido, el fuego como símbolo o metáfora del amor), que el poeta retuerce con recursos sintácticos como el hipérbaton o el encabalgamiento y con asociaciones inesperadas, sutiles, rebuscadas. Los estudiosos han reconocido en esto una tendencia de la literatura barroca que han denominado conceptismo. Lean aquí algo más sobre conceptismo y culteranismo: https://vma-hernandez.com/2008/11/29/ay-misero-de-mi-ay-infelice-monologo-de-la-primera-jornada-de-la-vida-es-sueno/

El tema principal de la composición es el afán de un alma atormentada por encontrar sentido a la vida.

Cerrar podrá mis ojos…”es un soneto complejo que no ofrece una lectura unívoca. La crítica se ha extendido en las dificultades de comprensión y ha propuesto varias soluciones en algunos pasajes. Mi propósito no es la crítica filológica sino el comentario de texto. Por esta razón, me ceñiré en general a la lectura más evidente o comúnmente aceptada. 

A mi juicio, el tema principal de la composición es el afán de un alma atormentada por encontrar sentido a la vida. Es importante también en todo el soneto la idea del rechazo a la muerte como fuerza suprema de todo lo humano. 

Para comunicar este sentimiento, Quevedo parte de un elemento petrarquista (el amor extremado y penitente que el poeta alberga hacia su amada) para moldearlo con su obsesión más profunda, el morir inexorable. Así pues, el soneto afirma que el amor supera todas las contingencias materiales y espirituales de la vida humana, incluso la muerte. 

Vanitas de Antonio de Pereda (1634) http://www.queaprendemoshoy.com

Por esta razón, a menudo, se considera que el tema principal es “el triunfo del amor sobre la muerte”. Sin embargo, esto es más bien una hipérbole que ilustra el amargo sentir quevedesco. Es decir, no es el mensaje del poema sino un recurso literario que ayuda a transmitir el desasosiego espiritual de la voz poética. 

El triunfo del amor sobre la muerte” no es el mensaje del poema sino un recurso literario que ayuda a transmitir el desasosiego espiritual de la voz poética. 

Aparece aquí el tópico literario amor post mortem, cultivado desde la época clásica: lo utilizaron Propercio y Horacio, en latín, o Dante ya en la Edad Media. En la literatura española, encontramos ejemplos en Garcilaso, el Tenorio de Zorrilla o Espronceda en El estudiante de Salamanca. Ha llegado también a la literatura popular, como muestra el precioso romance del Conde Olinos (con su variante el Conde Niño). No se lo pierdan, recogido y cantado por Joaquín Díaz: https://funjdiaz.net/a_canciones2.php?id=195

En cuanto a la métrica, se trata de un soneto, esto es, catorce versos endecasílabos repartidos en dos cuartetos y dos tercetos, con rima consonante ABBA ABBA CDC DCD. 

Bajo mi punto de vista, la estructura interna se divide en tres partes: 

– 1aparte (versos 1 a 4): en el primer cuarteto la voz poética reconoce a la muerte como momento inexorable. 

– 2a  parte (versos 5 a 8): el segundo cuarteto se contrapone al primero afirmando el poder de su amor frente a esa muerte irremediable. 

– 3aparte: (versos 9 a 14): en los dos tercetos se detalla cómo el cuerpo humano, perecedero, mantendrá vivo el amor fenomenal del poeta después del último tránsito. 

¡Espero que te esté gustando este comentario!

Si quieres apoyar nuestro trabajo con una donación, muchísimas gracias. Es muy sencillo, indica la cantidad y sigue las instrucciones (necesitas una tarjeta de crédito o débito o una cuenta PayPal).

€1,00

A continuación, veremos cómo cada una de estas tres partes consigue comunicar al lector el tema principal del poema: la rebeldía ante la muerte de un hombre que busca el significado de su existencia.

Como ya hemos mencionado, la primera parte muestra el poder de la muerte sobre el cuerpo (versos 1 y 2: “mis ojos”) y el alma (versos 3 y 4: “esta alma mía”) humanos. Podemos ver aquí varios recursos literarios propios del barroco:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevaré el blanco día;

En primer lugar, el hipérbaton (la postrera sombra podrá cerrar mis ojos). Este desorden sintáctico, reflejo de la congoja interna del ser humano, subraya la autoridad de La Parca llevando el verbo“cerrar”al principio de la composición. En segundo lugar, otra expresión del torturado vivir del hombre barroco es el encabalgamiento entre los versos 1 y 2. 

Cabe destacar el uso del futuro “podrá”, que rebaja la superioridad de la muerte anunciando el segundo cuarteto: “La muerte podrá cerrar mis ojos, pero…”. 

En estos versos la muerte aparece en dos metáforas: “postrera sombra” y “blanco día” (la palabra “muerte” no aparece en todo el soneto). Por un lado, la contraposición de “sombra” y “blanco” se une al hipérbaton y al encabalgamiento para retorcer el estilo al modo barroco; por otro, se atribuye a la muerte una connotación positiva en “blanco día” (blancoen el sentido de “luminoso”, “alegre”). Gracias a este juego conceptual, el poeta nos dice que morir es para él una liberación, tal es el dolor que este sentimiento le produce1.

Adviértase la paradoja que supone rebelarse ante la muerte pero sentirla como una liberación. Esta aparente contradicción es otro ejemplo de esa complicación formal que se ha llamado “conceptismo”. La torturada voz del poeta busca una luz que justifique su presencia en este mundo. La encuentra negando que la muerte sea el final de un sentimiento humano (al caso, el amor), pero admitiendo el alivio que supondrá el fin de sus agonías. 

El verso 3 comienza con un quiasmo que contrapone los sintagmas “Cerrar podrá” del verso 1 y “y podrá desatar”

y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera; 

Este paralelismo prolonga el poderoso inicio de la composición, esto es, la referencia al morir inevitable. De nuevo, un hipérbaton desordena la sintaxis, como en los dos primeros versos: 

y la hora lisonjera a su afán ansioso podrá desatar esta alma mía”.

Esto es, “mi alma está ansiosa por liberarse y la muerte (la hora) dará gusto a su preocupación”. Como en los dos primeros versos, la metáfora “hora lisonjera” recalca la facultad bienhechora de la muerte. El mensaje detrás de estos endecasílabos salomónicos es: “la muerte, que aguardo ansioso, separará mi alma y mi cuerpo”. 

En resumen, esta primera parte comunica dos ideas: “la muerte lo puede todo” y “la muerte será una liberación bienvenida”. Ambas anuncian el tema principal del soneto: “sublevarme ante este poder absoluto dará un sentido a mi vida”. 

Mencionamos más arriba que la segunda parte (esto es, el segundo cuarteto) se contrapone al primero con el fin de defender la supremacía del amor sobre la muerte (recordemos, elaboración literaria del argumento pero no idea principal). La conjunción adversativa “mas” y el adverbio “no” funcionan como breve y eficacísima bisagra de esta oposición. 

Veamos ahora los versos 5 y 6:

mas no, de esotra parte, en la ribera,

dejará la memoria, en donde ardía.”

Aquí encontramos otro ejemplo de hipérbaton: “pero (mi alma) no dejará en la orilla la memoria de esa otra parte donde ardía”.

Se refiere a la orilla tanto del río Leteo, río del olvido, como de la laguna Estigia. Según la mitología griega, las almas de los muertos abandonaban todo vestigio de su vida terrenal al cruzar sus aguas y arribar a su última morada. Lo que dice en estos dos versos es “yo no voy a ser como los demás, mi alma no se olvidará de este sentimiento puro y humano que albergo”. Vemos aquí distintamente una de las ideas esenciales del poema, la insurrección de un mortal ante el poder omnímodo de la muerte y el sentimiento de que la vida del poeta puede tener sentido por sí misma, ya que es capaz de trascender a la muerte. 

Por otro lado, la voz poética se refiere en los versos 6 y 7 al amor mediante la alegoría del fuego, que en este poema se manifiesta en cinco metáforas:

ardía” (v. 6), “llama” (v. 7), “fuego” (v. 10), “ardido” (v. 11), “ceniza” (v. 13). 

La asociación del fuego con el amor ha sido cultivada porpoetas de todas las épocas2.

El contraste con el primer cuarteto se manifiesta ahora en los versos 7 y 8, de estructura paralela: 

nadar sabe mi llama la agua fría, 

y perder el respeto a ley severa.”

En el séptimo, la “llama” se opone al sintagma “la agua fría”, alusión a las purificadoras aguas del olvido, esto es, metáfora de la muerte; en el octavo, el contraste se arma entre “perder el respeto” y “ley severa”, nueva referencia a la muerte. Estas dos oposiciones afianzan así la elaboración literaria del segundo cuarteto: “Mi amor perdurará después de la muerte” y los dos temas principales: “mi vida tiene valor en sí misma porque puedo desafiar a la muerte”. 

Además de un bellísimo poema de amor, “Cerrar podrá mis ojos…” es, sobre todo, la expresión de hondas inquietudes filosóficas.

En la tercera parte, la complicación formal se muestra, por un lado, en la estructura paralela de los versos en el primer terceto. Además de compartir estructura sintáctica (oración de relativo), los tres empiezan con el elemento del poeta que fue vehículo de su amor en vida: “alma”, “venas” y “medulas”. Es evidente la gradación desde lo espiritual a lo material. 

El poeta continúa retorciendo el estilo al relacionar cada verso con su correspondiente del segundo terceto (aunque algunos estudiosos que han analizado la sintaxis no lo ven tan claro):

Alma a quien todo un dios prisión ha sido, / su cuerpo dejará, no su cuidado;” (9 y 12)

venas que humor a tanto fuego han dado, / serán ceniza, mas tendrá sentido;” (10 y 13)

medulas que han gloriosamente ardido; / polvo serán, mas polvo enamorado.” (11 y 14)

En los versos 9 y 12 se retoma la idea del alma que se separará del cuerpo humano con la muerte, pero no olvidará su amor. “Cuidado” tiene aquí el sentido de “preocupación” o “tormento”, lo que nos invita a pensar, de nuevo, que el amor que siente no es correspondido, como debe ser todo amor en la tradición lírica. La “prisión”, en cambio, se puede interpretar de dos maneras: 

– Mi alma ha sido la prisión del dios Amor.

– Todo un dios (la mujer que amo) ha sido la prisión de mi alma.

Preferimos la segunda opción, puesto que, en nuestra opinión, “a quien” encaja mejor con en antecedente “alma” que con “todo un dios”. En cualquier caso, lo que entendemos es que el suplicio de amor pervivirá en el espíritu. 

Los otros dos pares de endecasílabos (10-13 y 11-14) presentan, además, una cuidada estructura en la que se aprecian dos recursos: paralelismo y gradación. 

cuerpo humano (vida)fuego (pasión amorosa)
venas”, “humor”a tanto fuego han dado,” 
medulas”que han gloriosamente ardido;” 
resultado del fuego (muerte)conjunción adversativa que opone el amor a la destrucción material. 
serán ceniza”mas tendrá sentido;” 
polvo serán”mas polvo enamorado.”

Todos los elementos centrales del soneto están aquí contenidos para plasmar el tema principal con una fuerza inusitada. La gradación se articula como sigue: 

vida → fuego → muerte → amor tras la muerte.

Para empezar, la cruda referencia a los tejidos humanos y a la sangre es un rasgo de estilo barroco que marca la ruptura con el idealismo renacentista. Seguidamente, una oración de relativo introduce el tema ya mencionado del fuego como metáfora del amor. 

En este punto, el lector puede ver la muerte en dos expresivas metonimias propias del Barroco (“ceniza” y “polvo” por muerte). De nuevo, el quiasmo contribuye al la complicación conceptista del poema. Por último, la conjunción adversativa “mas” introduce la oposición fundamental del poema: “voy a morir y mi cuerpo se pudrirá, pero…”. 

Lo más admirable es que todo este andamiaje conceptual da como resultado unos versos tan célebres como hermosos, sin duda entre los más recordados de la literatura en español. Sin embargo, como dijimos al principio del comentario, además de un poema de amor, “Cerrar podrá mis ojos…” es, sobre todo, la expresión de hondas inquietudes filosóficas.

Así pues, en el verso 13 leemos un sintagma que, a mi modo de ver, representa nítidamente el tema central: “mas tendrá sentido”. El bellísimo soneto amoroso adquiere así mayor profundidad intelectual, al anunciar el anhelo último de la voz poética: dar sentido a una vida sembrada de angustias, frustraciones, sinsabores y derrotas. 

En resumen, he tratado de demostrar que “Cerrar podrá mis ojos…” no es sólo uno de los poemas amorosos más celebrados de la literatura en español sino también una de las manifestaciones artísticas que mejor representa el sentir barroco: en estos versos Quevedo recoge una larga tradición poética para renovarla con su magna zozobra espiritual y un ingenio literario inigualable. Se justifica así, con todos los títulos, el asiento de su autor en la más alta eminencia de las letras españolas. 

1. Es este uno de los rasgos comunes en la poesía renacentista y la barroca: se trata en ambos casos de lírica amorosa, dirigida a una amada idealizada (y que además no existe, o está como mucho inspirada en una mujer real). En ambos casos, el amor supremo le causa al poeta un sufrimiento abrumador, en el que parece regocijarse. La diferencia consiste en que los poetas del barroco consideran que pueden expresar su visión desencantada y contradictoria de la condición humana con recursos literarios que anteriormente no se consideraban “bellos” o “dignos de aparecer en una obra literaria”: hipérbatos, encabalgamientos, antítesis o alusiones tanexplícitas como “venas” o “médulas”. 

2 Un renacentista hubiera tenido, tal vez, reparo en utilizar el término “ceniza”, demasiado árido para su alto ideal de la lengua lírica amorosa. 

¡Espero que te haya gustado este comentario!

Si te ayudó a comprender la obra o incluso a aprobar y quieres apoyar nuestro trabajo con una donación, muchísimas gracias. Es muy sencillo, indica la cantidad y sigue las instrucciones (necesitas una tarjeta de crédito o débito o una cuenta PayPal).

€1,00

Comentario de texto: “No oyes ladrar a los perros”, de Juan Rulfo

En esta ocasión, vamos a analizar un cuento completo en prosa. Se trata de “No oyes ladrar a los perros”, del mexicano Juan Rulfo. Este relato forma parte de El llano en llamas, recopilación de cuentos publicada en la revista América en 1950 y por el FCE, ya como libro, en 1953.

Juan Rulfo El Mundo
El autor (www.elmundo.es)
Primera publicación en la revista América (1950)

La brevísima obra de Rulfo es una de las más prestigiosas de la literatura en español. Su prosa, modelo de concisión, habla de la violencia del México contemporáneo, de las clases humildes en su vida cotidiana, del dolor de los marginados. Rulfo adereza estos temas con sentimientos religiosos y místicos, mezclando lo real y lo sobrenatural, para mostrarnos, en definitiva, su atormentado mundo interior. 

Juan Rulfo fue el primer autor mexicano que introdujo técnicas literarias experimentales, alejándose así de la novela revolucionaria. De hecho, todos los grandes nombres de la literatura en español lo consideran referente esencial e iniciador del brillante devenir de las letras americanas en el siglo XX. Hoy, El llano en llamas Pedro Páramo son lectura apreciada tanto por intelectuales universitarios como por simples aficionados a la literatura. 

En “No oyes ladrar a los perros”, dos personajes atraviesan un oscuro y solitario valle. Se trata de un hombre que transporta a su hijo malherido a hombros. El padre pretende llegar a Tonaya, un pueblo con médico. En el diálogo que ambos mantienen (que se va transformando poco a poco en un monólogo del padre) se desvela el comportamiento violento y criminal de Ignacio, el hijo, así como la vida desgraciada que ha hecho pasar a sus progenitores. A pesar de esto, el padre, exhausto y sin señales del pueblo a la vista, persevera en su afán de salvarlo. 

El tema principal del cuento es el anhelo de redención de un alma rodeada de miseria moral.

A nuestro modo de ver, el tema principal del cuento es el anhelo de redención de un alma rodeada de miseria moral. El objetivo del padre no es salvar ni la vida ni el alma de su hijo, sino su propia alma. La salvación de Ignacio es secundaria, y de hecho el texto nunca confirma que su arrepentimiento sea sincero. Sin embargo, el padre se persuade de la contrición filial para mantener la conciencia tranquila tras este viaje catártico. 

Catarsis es la palabra clave que explica la actitud del padre y cohesiona los elementos literarios del cuento. Como veremos, esta purificación no es un asunto individual: por un lado, el protagonista ha de asumir su responsabilidad ante la sociedad por haber engendrado crímenes y violencia a través de su hijo; por otro, debe también asumir su responsabilidad como padre haciendo respetar la jerarquía familiar, unidad básica de esa misma sociedad. La ansiada redención solo será posible si el padre muestra su integridad ante ambas instancias1.

La luna representa el deseo de alcanzar un estadio superior de esperanza, mientras que la oscuridad de los parajes que atraviesan son la imagen de la desesperante miseria moral que embarga la vida del padre

Veremos también con más detalle cómo el autor intensifica la oposición entre ambos personajes gracias a un contraste paralelo entre la luna y el paisaje que transitan los personajes. La luna representa el deseo de alcanzar un estadio superior de esperanza (religiosa o existencial), mientras que la oscuridad de los parajes que atraviesan son la imagen de la desesperante miseria moral que embarga la vida del padre, a causa de los crímenes y las humillaciones de Ignacio. 

Así pues, la habilidad con la que Rulfo administra estos escasísimos medios literarios confiere a la obra una profundidad de significados que van más allá del amor paterno ejemplar o el pesimismo sobre la sociedad mexicana. 

– la primera ocupa casi todo el cuento (hasta la línea 113) y nos refiere el difícil camino de padre e hijo, cargado uno y herido el segundo. El diálogo se transforma poco a poco en monólogo del progenitor, mientras se van afilando las reprobaciones. 

– la segunda parte se compone de los tres párrafos finales, muy breves y separados del resto por un hiato tipográfico. Aquí, el padre llega al pueblo y se libera del cuerpo de su hijo. 

La estructura interna está marcada por la tensión creciente entre los dos personajes: el padre está cada vez más agotado, el hijo más rendido, los reproches son más íntimos e hirientes. Podemos distinguir tres partes: 

– 1a parte: líneas 1 a 64 y 84 a 95. La conversación está localizada en el presente de la narración y en el paisaje que atraviesan los personajes. Hablan sólo de lo que les ocurre en el viaje: “… dime si no oyes alguna señal”, “Acuérdate que nos dijeron…”, “No veo nada”, “¿Te duele mucho?”. El padre reprende la actitud de Ignacio en ese momento. Es posible apreciar la oposición entre los personajes (el hijo arriba, negando, ordenando; el padre abajo) pero no el conflicto desgarrador de sus vidas. 

– 2a parte: líneas 65 a 83 y 96 a 113. El padre reprocha la actitud de su hijo en el pasado, desde que nació hasta las posteriores humillaciones a su familia y sus crímenes. Esto es, el padre abandona el “aquí y ahora” de la conversación en para revivir las fechorías pasadas de Ignacio, a quien suele dirigirse con “usted”. Su objetivo es, como sabemos, limpiar su conciencia ante las instancias social y familiar. 

Estas líneas descubren la verdadera naturaleza de su relación y transmiten al lector la tensión acumulada entre ambos personajes. La abnegación del padre se ve así magnificada en contraste con la maldad del hijo. 

– 3a parte: Líneas 114 a 121. Es la segunda parte de la estructura externa, esto es, tres párrafos separados gráficamente del resto de la obra. Los protagonistas llegan finalmente al pueblo y el cuento a su desenlace. 

Veamos ahora cómo el narrador transmite en cada una de estas tres partes el mensaje principal, esto es, la anhelada purificación del padre.

El breve diálogo en las primeras líneas ya plantea el contraste entre ambos personajes, motivo esencial para comunicar el mensaje. En efecto, podemos aquí apreciar la actitud esperanzada del padre por encontrar un final a su situación (la purificación que espera conseguir al final del trayecto), frente al pesimismo aplastante de Ignacio. Así, el padre insiste en sus preguntas: tiene que haber algo, alguna señal que les dé una esperanza. Ignacio, en cambio, es tajante en su pesimismo: “No se ve nada”, “(…) no se oye nada”. 

El anhelo de redención del padre es independiente de la vida de su hijo.

En este punto, el padre responde con una frase que, en apariencia, desmiente su optimismo: “Pobre de ti, Ignacio”(línea 8). Es decir, desde el primer momento el padre sabe que su hijo no tiene salvación, pero aún así sigue cargando con él. La razón es que el anhelo de redención del padre es independiente de la vida de su hijo. Lo que le mantiene en pie es el deseo de cumplir con su deber y de salvar así su propia alma. (¿Desea el autor decirnos con esto que si todos los mexicanos tuvieran esta actitud el país iría mejor? Yo creo que sí, pero he optado aquí por una lectura más íntima y, a mi juicio, universal de la obra). 

En el párrafo siguiente (líneas 9 a 11) predomina el léxico relacionado con el movimiento, que logra transmitir el esfuerzo descomunal de un hombre al límite de sus fuerzas: “moviéndose de arriba abajo”, “trepándose”, “disminuyendo y creciendo”, “avanzaba”, “tambaleante”. 

El paisaje aparece aquí como un lugar oscuro y yermo: “sombra”, “negra”, “piedras”. Este desierto físico es también el desierto moral del México violento de la época, el de su hijo Ignacio y el del propio padre. Ese esfuerzo “tambaleante” es testimonio de su afán por abandonar la miseria moral que le rodea, en pos de la redención, tema principal del cuento. 

En este baldío podemos ver, de momento, solo una partícula de vida: el arroyo que le guía hasta el pueblo (línea 11).

En la línea 12 se menciona el símbolo fundamental en la obra: la luna. Como adelantamos más arriba, el narrador atribuye a la luna un generoso campo léxico relacionado con la luz: “luz”, “llamarada”, “colorada”, “iluminado”, “cielo claro”, “se llenó de luz”… y lo contrapone a la oscuridad que rodea a los personajes: “sombra”, “negra”, “oscurecía”, “cara descolorida”. Esta oposición representa el conflicto entre los dos personajes del cuento. Rulfo administra hábilmente las alusiones a la luna para acrecentar la tensión durante la lectura. La luna, cada vez más alta y luminosa, anuncia la ansiada salvación, aún lejana, mientras que la sombra de los personajes (la tara moral de su pasado) se hace más larga y negra:

Una luna grande y colorada que les llenaba de luz los ojos y que estiraba y oscurecía más su sombra sobre la tierra”(línea 37).

La luna iba subiendo, casi azul…” (línea 62)

Las líneas siguientes se extienden en la enfrentada actitud de ambos personajes. Por un lado, el hijo ya se ha rendido, como demuestran sus breves intervenciones: 

– en todas dice “no”: “no se ve nada”(líneas 3 y 7),“no se oye nada”(línea 5).

– los imperativos (indicio de la relación irrespetuosa con su padre):“Apéame aquí…”, “Déjame aquí…”, “Vete tú solo…”(líneas 34 y 35).

– Las peticiones impertinentes, otra muestra de la catadura moral de Ignacio, así como muestra de regresión a la infancia previa a la muerte: “Quiero acostarme un rato”(línea 6,0) “Tengo sed” (línea 88), “Dame agua”(línea 92), “Tengo mucha sed y mucho sueño” (línea 95).

El párrafo “Hablaba poco… le preguntaba” (líneas 27 a 32) describe cómo ha sido la relación paterno-filial: el hijo maltrata al padre (“los pies se le encajaban en los ijares”, “las manos (…) le zarandeaban la cabeza..”, mientras que el padre continúa demostrando amor y protección. 

El padre, por otro lado, mantiene el empeño de llegar al pueblo, Tonaya, a pesar de las hostiles circunstancias y del pesimismo de Ignacio. A pesar de que estos primeros momentos no revelan todavía el tema central, la tensión literaria entre el padre y la adversa coyuntura están ya planteadas. 

La segunda parte empieza con un cambio de actitud en el padre, que reprocha a Ignacio su comportamiento hacia la madre con “usted” en lugar de “tú”. Queda así retratada la miseria moral del hijo, lo que agranda el esfuerzo físico y moral del protagonista. Esta actitud es coherente con el “Pobre de ti, Ignacio” de la primera parte y su eco “Peor para ti, Ignacio” de la línea 87. Salvar la vida de su hijo, o al menos intentarlo, significa respetar la tradición familiar y el orden social. 

Cuando utiliza “tú”, padre e hijo están solos en mitad del campo, en plena noche. Se dirige a su hijo, se interesa por su estado, le reprocha su actitud en el presente de la narración o su egoísmo de niño; se nos muestra como un individuo que asume su papel de padre; al utilizar “usted”, además de padre es un miembro de la sociedad, ante la que rinde cuentas por el deplorable comportamiento de su hijo. Ignacio no respeta las normas sociales al robar y matar, ni tradiciones arraigadas como la del compadre, ni sobre todo a la madre como pilar de la unidad social que es la familia. Al renegar de su hijo (líneas 77 y siguientes), el padre cumple con su obligación como miembro de la sociedad. Se explica así la aparente contradicción de querer salvar al hijo que le ha hecho infeliz. 

Al final de la segunda parte, el conflicto dramático del cuento esta completamente planteado: el paisaje, la noche, el pasado de Ignacio… Todo está en contra del perseverante padre. El lector adivina un desenlace inmediato de toda esta tensión acumulada. 

llano llamas FCE
Ejemplar de la primera edición, de 1953 (www.todocolección.net)

¡Espero que te haya gustado este comentario!

Si quieres apoyar nuestro trabajo con una donación, muchísimas gracias. Es muy sencillo, indica la cantidad y sigue las instrucciones (necesitas una tarjeta de crédito o débito o una cuenta PayPal).

€1,00

Las líneas 104 a 113 muestran un cambio en la actitud del hijo: “dejó de apretar las rodillas”.Destacamos aquí“como si sollozara”, “gruesas gotas como de lágrimas” y¿Lloras Ignacio?”

El narrador insinúa que es sangre y que Ignacio ha muerto, pero el padre prefiere pensar que son lágrimas, es decir, se persuade de que su hijo se ha arrepentido de sus pecados antes de morir. El viaje y la muerte de Ignacio tienen así sentido, puesto que el orden moral se restablece y el padre puede presentarse como una persona que ha cumplido con sus obligaciones ante la familia y la sociedad. 

El viaje y la muerte de Ignacio tienen así sentido, puesto que el orden moral se restablece y el padre puede presentarse como una persona que ha cumplido con sus obligaciones ante la familia y la sociedad. 

De todas formas, como ya se ha mencionado, la vida o el improbable arrepentimiento de Ignacio no importan, sino que importa la interpretación del padre. 

Pasamos a comentar cómo se resuelve esta penosa situación en la tercera parte. La separación gráfica de esta parte sugiere una elipsis en la que el titubeante caminar del padre extenuado y el monólogo acusatorio se han repetido hasta el amanecer. 

La primera frase anuncia el desenlace cercano: “Allí estaba ya el pueblo” (línea 114). Al igual que la luna, el pueblo representa la esperanza del padre. De hecho, ambos se funden en la frase “Vio brillar los tejados bajo la luz de la luna” (línea 114). Se aprecian también otros indicios de que la historia ha terminado: el peso del hijo en la línea 115, (indicio de que ha muerto), “el último esfuerzo” (línea 116), “soltó el cuerpo” (línea 117). Todo indica que el padre considera su meta alcanzada. 

Nótese el sintagma elegido por el narrador cuando deposita el cuerpo de Ignacio: “al quedar libre” (línea 119). El padre logra en este momento liberarse del hijo tanto físicamente como espiritualmente. Ese “libre”refleja todo el optimismo de un final lúgubre en la superficie: por un lado, tanto el padre como la sociedad se han librado de un criminal; por otro, el protagonista ha cumplido con su responsabilidad ante la sociedad. 

Ese “libre”refleja todo el optimismo de un final lúgubre en la superficie: por un lado, tanto el padre como la sociedad se han librado de un criminal; por otro, el protagonista ha cumplido con su responsabilidad ante la sociedad. 

En definitiva, hemos tratado de demostrar que “No oyes ladrar a los perros” es un cuento magistralmente construido. En efecto, a partir de una anécdota local, Juan Rulfo transmite un mensaje universal poderoso: el anhelo de alcanzar la paz del alma, consigo mismo y con los que nos rodean. El avisado dominio de unos pocos elementos literarios, tallados al milímetro en una prosa seca, directa, contundente, eleva la breve obra de este autor a las más altas posiciones en el aprecio de los lectores. 

  1. Para profundizar en las dos lecturas que este acercamiento propicia (religiosa o existencialista), véase el artículo de William H. Katra “No oyes ladrar a los perros”: la excepcionalidad y el fracaso”, Washington State University, 1988.

¡Espero que te haya gustado este comentario!

Si quieres apoyar nuestro trabajo con una donación, muchísimas gracias. Es muy sencillo, indica la cantidad y sigue las instrucciones (necesitas una tarjeta de crédito o débito o una cuenta PayPal).

€1,00