Categoría: Comentario de texto

Comentario de Texto: A José María Palacio, de Antonio Machado

Palacio, buen amigo,

¿está la primavera

vistiendo ya las ramas de los chopos

del río y los caminos? En la estepa

del alto Duero, Primavera tarda,                            5

¡pero es tan bella y dulce cuando llega!…

¿Tienen los viejos olmos

algunas hojas nuevas?

Aún las acacias estarán desnudas

y nevados los montes de las sierras.                   10

¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,

allá, en el cielo de Aragón, tan bella!

¿Hay zarzas florecidas

entre las grises peñas,

y blancas margaritas                                               15

entre la fina hierba?

Por esos campanarios

ya habrán ido llegando las cigüeñas.

Habrá trigales verdes,

y mulas pardas en las sementeras,                  20

y labriegos que siembran los tardíos

con las lluvias de abril. Ya las abejas

libarán del tomillo y el romero.

¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Furtivos cazadores, los reclamos                   25

de la perdiz bajo las capas luengas,

no faltarán. Palacio, buen amigo,

¿tienen ya ruiseñores las riberas?

Con los primeros lirios

y las primeras rosas de las huertas,             30

en una tarde azul, sube al Espino,

al alto Espino donde está su tierra…



Nos encontramos ante un poema completo, compuesto por Antonio Machado. Entre las obras de este poeta sevillano destacan Soledades (1903), Soledades. Galerías. Otros poemas (1907), Campos de Castilla (1912) y Nuevas canciones (1924).

“A José María Palacio” forma parte de Campos de Castilla, colección de poemas en los que Machado evoca el paisaje castellano con un lenguaje sobrio y expresivo. Las descripciones del campo soriano están acompañadas de reflexiones críticas sobre la historia de España y dejan translucir en ocasiones una honda melancolía personal.

Leonor y Antonio MachadoEn este poema se nos muestra el renacer de la naturaleza en primavera, mas el tema central es la esperanza inalcanzable en el renacer de la amada del poeta, muerta joven. Es preciso destacar asimismo dos temas secundarios que matizan el tema central: por un lado, la melancolía del poeta, causada por la soledad, por la lejanía física de esa primavera; por otro, su vacilación en el momento de expresar la esperanza a la que se refiere el tema central.

En cuanto a la estructura externa, el poema es una silva arromanzada, es decir, una combinación de treinta y dos versos endecasílabos y heptasílabos con rima asonante en los versos pares.

La estructura interna consta de dos partes principales:

1a parte: versos 1 a 28. El poeta describe los efectos de la primavera en el paisaje soriano.

2a parte: versos 29 a 32. Con estos versos pide a su amigo que visite la tumba de Leonor, su joven esposa fallecida a causa de una enfermedad.

Esta separación es superficial. Es necesario realizar un análisis más detallado para apreciar la riqueza del poema y la delicadeza con la que trata el tema central y los secundarios. A continuación leeremos línea por línea para extraer todo su significado y ver cómo los elementos de la naturaleza, presentes en toda la composición, se relacionan con la esperanza, la melancolía y la indecisión expresadas en los mensajes centrales.

La composición empieza con un apóstrofe (“Palacio, buen amigo”). Encontramos, pues, un destinatario explicito al que parece ir dirigido el poema. Cuando vuelva a aparecer en el verso 27 ya habremos aprendido que es más que un simple amigo lector y entenderemos su intención literaria.

En los versos segundo a cuarto se menciona la primavera, elemento en torno al cual se construye el poema. Podemos ya observar aquí dos recursos que aportan relieve literario a la lengua del poema. Por un lado, la personificación de la primavera:

¿Está la primavera

Visitiendo ya las ramas de los chopos?

(versos 2, 3)

da mayor viveza a sus efectos regeneradores. Por otro, la metáfora que presenta el brotar de las hojas como vestidos que la naturaleza tiende a los árboles proporciona una visión poética de la estación.

 

Por su parte, “primavera” aparece escrita con mayúscula en el quinto verso. Se hace referencia de este modo a la visión mitológica de esta estación: la diosa Perséfone, hija de Démeter y Zeus, fue raptada por Hades y regresa de los infiernos una vez al año. Para mostrar su alegría, Démeter reverdece el campo y le devuelve la vida, precisamente lo que el poeta nos muestra en esta composición.

 

Se dice en este verso, además, que la primavera tarda en llegar (es decir, que el invierno ha sido largo). Esta afirmación viene precedida por tres encabalgamientos (versos 2-3, 3-4, 4-5) que lentifican la lectura y pretenden reforzar en el lector la idea del fin del invierno que se hace esperar. Esto contrasta con el verso sexto:

¡pero es tan bella y dulce cuando llega!…

que se lee sin interrupciones, por lo que el ritmo de la lectura se ve vivificado. Al añadir una exclamación, el autor ilustra la eclosión de vida y alegría que esta llegada produce.

En el verso séptimo se formula una segunda pregunta retórica, como todas en la composición:

¿Tienen los viejos olmos

algunas hojas nuevas?

El poeta en realidad no espera respuesta, no la necesita, puesto que él conoce la primavera en Soria, como demuestra la profusión de detalles con los que describe el campo. Su verdadera intención es mostrar su aislamiento respecto a esta primavera, de la que él no goza desde la muerte de su amada.

Esta pregunta, formulada del mismo modo que las demás – haciendo hincapié en un aspecto del paisaje – expone de nuevo la idea contenida en el tema, la primavera y su efecto regenerador, mediante la contraposición de los opuestos viejos / nuevos.

A continuación, los versos noveno y décimo siguen describiendo desde la distancia el paisaje soriano. La soledad del amante se expresa aquí mediante el futuro de hipótesis:

Aún las acacias estarán desnudas (verso 9)

Los versos decimotercero a decimosexto contienen otras dos interrogaciones retóricas, formuladas en paralelo y en las que aparecen cuatro binomios adjetivo – sustantivo que ilustran el paisaje con maestría.

 

¿Hay zarzas florecidas

entre las grises peñas,

y blancas margaritas

entre la fina hierba?

 

Como ya hemos mencionado, mediante estas interrogaciones retóricas el poeta aparece lejos de ese paisaje y ajeno, por tanto, al renacer de la vida que la primavera trae. Tras la muerte de su esposa, vive en soledad y no hay vida ni alegría posibles para él.

A partir del verso decimoséptimo, y hasta el vigésimo octavo, el poema continúa mostrando elementos del paisaje castellano que ahondan en la visión melancólica que de la primavera tiene el poeta. Encontramos, de nuevo, los rasgos característicos de la composición: elementos concretos del paisaje en los que se destaca lo nuevo (cigüeñas, trigales verdes, mulas pardas). El adverbio “ya” (en los versos décimo octavo, vigésimo segundo y vigésimo octavo) señala la vuelta de estas acciones cíclicas; los futuros de hipótesis que marcan el distanciamiento del poeta respecto a la vida:



Habrá trigales verdes (verso 19)



Furtivos cazadores, los reclamos

de la perdiz bajo las capas luengas,

no faltarán […]

(Versos 25 a 27)

Una segunda invocación al supuesto destinatario de la poesía (verso vigésimo séptimo) cierra esta extensa primera parte. Con esta repetición, el lector muestra cierta vacilación en la voz del poeta. En efecto, éste desea desde el principio decir algo al lector explícito que es Palacio, y las descripciones y preguntas que han ocupado el poema se nos revelan una excusa para retrasar la verdadera intención del poeta, quien se decide finalmente a hablar en la segunda parte. Este sentimiento de vacilación se descubre en el verso vigésimo séptimo, pero impregna toda la composición y aclara con luz nueva la insistencia en el detalle y justifica la reiteración. Debe ser considerado, por este motivo, un tema central del poema.

En la segunda parte encontramos elementos descriptivos del paisaje, en los que se mantiene la idea de regeneración, mas sin las notas de color que abundaban en la primera parte. Por ejemplo, los “primeros lirios” y “las primeras rosas” en los versos vigésimo noveno y trigésimo. Los dos únicos adjetivos calificativos de esta parte nos muestran, asimismo, el estilo más seco que caracteriza al final del poema. Por otro lado, ambos están relacionados: “azul”, en el verso trigésimo primero, y “alto” en el siguiente, transportan al lector desde la colina del Espino al Cielo, esto es, al paraíso en el que mora eternamente su amada.

Sin embargo, el elemento que mejor transmite el tono directo de estos versos es el deprecativo “sube” (verso trigésimo primero), que saca a la luz en los últimos dos versos el deseo antes velado (visitar la tumba de su esposa):

sube al Espino,

al alto Espino donde está su tierra…

Por último, es preciso aclarar la naturaleza de esta intención, puesto que se trata de algo más que pedirle un favor a un amigo. Este deseo no es ajeno a la idea de renacimiento recurrente en el poema: así como la naturaleza renace en primavera, el poeta alberga la esperanza de que Leonor también resucite. La imposible expresión de este anhelo se sustituye por unos puntos suspensivos cargados de significado.

En resumen, el valor de este poema reside en la elaboración literaria del lenguaje descriptivo. A través de elementos concretos del paisaje, el poeta consigue transmitir un estado de ánimo y unos sentimientos universales (melancolía, soledad, esperanza), sin utilizar un lenguaje artificial o cargado. Esta aparente sencillez hace que la composición sea aún apreciada por el lector actual, en especial los jóvenes, aunque sea necesaria una lectura profunda para desentrañar su verdadero significado.

¡Espero que te haya gustado este comentario!

Si te ayudó a entender la obra (o incluso a aprobar) y quieres apoyar nuestro trabajo con una donación, muchísimas gracias. Es muy sencillo, indica la cantidad y sigue las instrucciones (necesitas una tarjeta de crédito o débito o una cuenta PayPal).

€1,00

Comentario de texto: Canción de la vida solitaria, de fray Luis de León.

¡

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido; 5

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado! 10

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera. 15

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado? 20

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso. 25

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero. 30

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido. 35

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo. 40


Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,]
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.] 45

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura. 50

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.55

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido. 60

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.65

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía. 70

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.75

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado. 85


Vocabulario esencial para una lectura completa del texto:

No le enturbia el pecho: no le da envidia.
No cura: no le preocupa.
Encarama: alaba.
Presta: aprovecha.
Viento: presunción, vanidad.
Almo: vivificador, que alimenta.
Arbitrio: albedrío, voluntad.
Flaco leño: barco frágil.
No es mío: no me interesa.
Antena: mástil del barco.
La mar enriquecen a porfía: sus riquezas se hunden en el mar.
Abastada: abastecida.
Con sed insaciable / del peligroso mando: que ansía el poder.
Acordado: afinado.
Plectro: púa para tocar instrumentos de cuerda.
Seguro: lugar que ofrece seguridad.
Del que las sangre sube o el dinero: se refiere al rico que se deja llevar por el orgullo.


El poema que vamos a comentar es, tal vez, el más célebre de su autor, fray Luis de León (1527 – 1591). Se trata, sin duda, de uno de los grandes poetas renacentistas en español. En primer lugar, por su dominio de las formas italianizantes, tanto el endecasílabo como los temas propios de esta poética; también por su conocimiento de la literatura anterior (Garcilaso, Boscán, Hurtado de Mendoza, Montemayor, Cetina, Manrique, la poesía cancioneril, los libros poéticos de la Biblia… todos dejan huella en sus versos) y, sobre todo, de las fuentes. Fray Luis es seguidor de Horacio, admirador y traductor de su poesía, y de Virgilio. El agustino es un buen ejemplo de la imitatio renacentista, que va mucho más allá de una simple adaptación de lo escrito por los clásicos latinos o griegos.

En esta poesía fray Luis desarrolla un tópico característico de la poesía renacentista: el llamado “menosprecio de corte y alabanza de aldea”, que toma su nombre de la obra de Antonio de Guevara, publicada en 1539. El poeta pretende, por tanto, loar el cariz bienhechor de la vida retirada en contraste con la doblez malintencionada del que habita en la corte o con su vida esclavizada por las obligaciones de la civilización. Es necesario percibir la dimensión alegórica de la oposición “vida retirada” / “vida en la ciudad”. Si bien este poema puede haber sido escrito con motivo del retiro de Carlos I a Yuste o para expresar líricamente la serenidad experimentada en la finca “La Flecha”, que la orden poseían cerca de Salamanca, la vida apartada responde a un anhelo de paz espiritual, de libertad, que toma forma en un deseo de vivir retirado, dedicado a la música y al cultivo de las letras.

En cuanto a la estructura externa, está compuesto por ochenta y cinco versos agrupados en diecisiete liras (estrofas de cinco versos, que combina heptasílabos y endecasílabos con el siguiente esquema rítmico: aBabB). Adopta aquí fray Luis esta estrofa italianizante introducida por Garcilaso en su canción “A la flor de Gnido”. La composición completa es una oda, esto es, una canción de origen italiano que utiliza la lira como unidad estrófica y que se dedica al cultivo de sentimientos elegíacos y bucólicos.

La estructura interna presenta las siguientes partes:

1ª parte: versos 1 a 5 (¡Qué descansada…han sido!). Presentación del tópico.
2ª parte: versos 6 a 20 (Que no…mortal cuidado?). El poeta afirma su desdén por el poder, la riqueza o la fama.
3ª parte: versos 21 a 60 (¡Oh, campo…del cetro pone olvido). Idealización del paisaje como marco sublime para el recogimiento anhelado.

4ª parte: versos 61 a 70 (Téngase…enriquecen a porfía). Advertencia a los que ansían honores y riquezas.

5ª parte: versos 71 a 85 (A mí…sabiamente meneado). La voz poética admite su deseo de vivir con sencillez dedicado al cultivo de al poesía.

Veamos a continuación las partes una a una para analizar con más detalle el contenido.

En la primera se presenta el tema principal mediante una exclamación retórica que ocupa los diez primeros versos. Es evidente su efecto expresivo. Como ya se dijo más arriba, “ruido” y “escondida senda” poseen significados alegóricos: son metáforas que ilustran el frenesí cortesano y la búsqueda de la virtud, respectivamente (la fuente de este sentido estoico-epicúreo son Horacio y el tópico del Secretum iter). Respecto al estilo, destaca el encabalgamiento de los versos 3 y 4. La abrupta separación gráfica, en principio obligada por mor de la rima, parece corroborar el significado del sintagma quebrado. Muchos son los críticos, no obstante, que han hecho notar cómo el carácter exaltado del fraile se revela en los versos del poeta, tradicionalmente vistos como un ideal de serenidad y placidez[i].

En la segunda parte comienza a enumerar los aspectos de la vida contemporánea que le parecen despreciables: el poder (“de los soberbios grandes el estado”) y las riquezas (“dorado”, “jaspes”). Tenemos dos muestras de estilo abrupto, el hipérbaton del verso 7 (el estado de los grandes soberbios) y el encabalgamiento entre el 8 y el 9:

ni del dorado techo

se admira

Continúa en la tercera lira el repaso del poeta a los defectos que afean la conducta pública de los hombres. Los versos 11 y 12 alaban a quien no se deja llevar por la vanidad (“la fama”) ni por la hipocresía (los tres versos siguientes). Obsérvese aquí el tópico clásico del Vanitas vanitatis, que ilustra el desdén por quienes pretenden ganar a toda costa los elogios de sus contemporáneos.

En la cuarta estrofa se subraya esta idea mediante una interrogación retórica acerca de la infelicidad que procura el desvelo por la opinión ajena, representada por las metáforas “el vano dedo” y el “viento”. Recoge así la idea de Horacio: la plebe es como el viento, un día sopla en una dirección, al siguiente muda. En cuanto al estilo, descubrimos un nuevo hipérbaton en el verso 12 (canta su nombre con voz pregonera).

Fray Luis de León en Salamanca

La quinta estrofa abre la tercera parte de la oda. Se establece una alegoría: la ciudad es el mar tempestuoso, y el hombre atribulado un barco a punto de naufragar. Nótese la enumeración tópica de elementos de la naturaleza y los latinismos “secreto” y “almo”[ii].

A continuación, la vida relajada del campo y los trabajos de la corte se confrontan[iii] siguiendo con el espíritu de la composición. Se oponen ahora su “sueño” (olvidarse de la desazón qe procura la ciudad) con dos personajes que representan vicios censurables: el tirano (“a quien la sangre ensalza”, es decir, el que es hecho rey por su ascendencia) y el avaro (“el dinero”), ambos en el verso 30. La infelicidad que sus apetitos les procuran se simboliza en la metáfora “ceño severo”. El vocabulario está elegido con esmero en esta sexta estrofa para articular esta contraposición:

sueño, puro, alegre, libre / severo, sangre, dinero

La séptima lira presenta un paralelismo con la anterior: el contraste se establece ahora entre el canto de los pàjaros, metáfora de la libertad y las preocupaciones (“cuidados”) de quien vive sometido al poder de otro (el “ajeno arbitrio”). Cabe señalar que fray Luis hace resonar aquí unos versos de Garcilaso:

Y las aves sin dueño,

Con canto no aprendido

Hinchen el aire de dulce armonía

(Égloga II, 67-69)

quien se inspira, a su vez, de Propercio.

En la misma línea está la estrofa octava, en la que el poeta canta su apetencia de libertad al oponer la vida elegida y la impuesta:

Quiero vivir conmigo (verso 36)

a solas, sin testigo (verso 38 )

Frente a

Amor, celo, odio, esperanzas, recelo (versos 39 y 40).

Tal como comentamos en la estrofa anterior, el uso del vocabulario es un recurso capital para transmitir el mensaje.

¡Espero que te esté gustando este comentario!

Si quieres apoyar nuestro trabajo con una donación, muchísimas gracias. Es muy sencillo, indica la cantidad y sigue las instrucciones (necesitas una tarjeta de crédito o débito o una cuenta PayPal).

$1.00

La particularidad de la novena lira es la aparición de un nuevo tópico, el locus amoenus. El “huerto” del verso 42 representa la naturaleza idealizada, donde la primavera reverdece eternamente, imagen de la vida sencilla y de las bondades de lo rural. Este tópico, muy frecuente en la literatura de alabanza de aldea, se extiende por las tres siguientes estrofas. La personificación de los elementos del paisaje es un recurso usual en este tipo de descripciones, en este ejemplo, la fuente (leemos en el verso 49 el cultismo “fontana”):

y como codiciosa

[…]

una fontana pura

hasta llegar corriendo se apresura (versos 46, 49, 50)

vistiendo (verso 54)

va esparciendo (verso 55)

Los estudiosos del poeta belmonteño han señalado a Tíbulo y Virgilio como fuentes directas de estos versos.

De nuevo encontramos en la decimosegunda lira un contraste comentado con anterioridad. El vocabulario opuesto logra el efecto retórico de encomiar este rincón deleitoso a la par que se desdeñan el oro y el cetro (verso 60), metonimias de la riqueza y el poder.

el aire, mil olores, menea, manso ruido, olvido / oro, cetro

En la cuarta parte se retoma la alegoría de la vida como un mar revuelto que amenaza el bienestar del navegante (versos 61 a 65). La metáfora “falso leño”[iv] (verso 62) representa la tranquilidad del hombre por sus riquezas (“su tesoro”, verso 61), amenazada por los vaivenes de la vida. Estos peligros aparecen simbolizados por los vientos nuncios de la tormenta del verso 65.

El naufragio se confirma en la lira siguiente (metonimia “antena” = barco), en el que se describen alegóricamente las desdichas que amenazan al hombre que todo lo fía a lo material, a las cosas de este mundo. En lo estilístico, destacan la dramática contraposición entre “ciega noche” y “claro día” (verso 67). La frase que conforman ambos sintagmas está, a su vez, dislocada por un hipérbaton (el claro día se torna en ciega noche) y un encabalgamiento.

Estos dos recursos morfosintácticos vuelven a aparecer en los dos versos siguientes, 68 y 69 (una confusa vocería suena al cielo). Se trata de dos ejemplos magníficos de la expresión intrincada que, a decir de algunos comentaristas, refleja la personalidad del autor[v].

La última parte de la oda regresa al tema de la vida sencilla sublimada. Se consigue así un cierre efectivo de las enseñanzas del poema. La “pobrecilla / mesa” (encabalgamiento en los versos 71 y 72) se prefiere al boato espectacular de la corte (“la vajilla / de fino oro labrada”, hipérbaton en los versos 73 y 74). Se trata de un nuevo tópico clásico, el Aura mediocritas en esta ocasión, o “dorada medianía”. Alaba el carácter positivo de la mediocridad, entendida como sencillez, alejada de toda ostentación.

A partir del verso 80 leemos un nuevo componente de la vida discreta enaltecida en esta oda:

cantando (verso 80)

de hiedra y lauro eterno coronado (verso 82)

son dulce, acordado (verso 84)

plectro (verso 85)

La corona de laurel era el atributo que distinguía a los poetas en la antigüedad clásica. Esto y las restantes referencias a la música sitúan al lector ante el verdadero dilema de fray Luis: la vida o la poesía. Más que un grato acompañamiento en la quietud hortense, el estudio de la música y de la poesía es la verdadera aspiración del sabio, aquel hombre excepcional que transitaba por la “escondida senda” de la primera lira.


En esta Canción de la vida solitaria fray Luis adopta un tono moralizante para desarrollar un tópico impregnado de enseñanzas cristianas y de poesía latina e italiana. Consigue, sin embargo, evitar la rigidez o la frialdad del simple ejercicio retórico y transmitir unos sentimientos sinceros que cualquier lector actual puede compartir.

Para tal fin, es esencial el lenguaje sencillo, apenas enturbiado por hipérbatos de fácil resolución y metáforas comprensibles: todos podemos interpretar, con una lectura atenta, el verdadero significado de “ruido”, “escondida senda” o del “cantar sabroso” de las aves. La identificación de fuentes clásicas es labor que corresponde a filólogos y eruditos, pero esto no menoscaba el disfrute del poema. El estilo abrupto, por otra parte, está justificado como reflejo del repudio que le inspira el comportamiento vano de los hombres. Fondo y forma se compenetran en esta canción que, por su gusto y armonía, se ha convertido en la más conocida de su autor y una de las más célebres de la literatura española[vi].


[i] Sus biógrafos destacan la intransigencia con la que criticó las costumbres laxas de los frailes, así como las controversias teológicas en la universidad, fuente de malquerencias y amonestaciones por parte de pares y superiores.

[ii] Secreto significa “lugar apartado” o “lugar más íntimo de un santuario”; almo, por su parte, quiere decir “alimentador, vivificador”. Un almo reposo es, por tanto, un descanso reconstituyente, mientras que alma mater no es “alma madre” como afirman traducciones insensatas, sino “madre nutricia”, que procura alimento.

[iii] Es decir, se comparan.

[iv] Existe una sinécdoque en leño=barco (el material es asimilado por el objeto).

[v] Cabe comentar la aparente falta de concordancia en el verso 70 (¿cuál es el sujeto de“enriquecen”?). Se trata de una concordancia ad sensum en la que el autor hace concordar el verbo con el significado colectivo de “vocería” (verso 69) o con “los que desconfían” de la estrofa anterior.

[vi] Como prueba de esta afirmación, valga el sintagma “mundanal ruido”, que ha pasado al uso corriente de la lengua, incluso en labios de personas que nunca han leído el poema.

¡Espero que te esté gustando este comentario!

Si quieres apoyar nuestro trabajo con una donación, muchísimas gracias. Es muy sencillo, indica la cantidad y sigue las instrucciones (necesitas una tarjeta de crédito o débito o una cuenta PayPal).

$1.00